Siempre es hoy
Hoy Roberto, Bob para los amigos, se dio cuenta de que la rutina existe sólo cuando no se sabe ver ni oir. Y a eso de dedicó Bob. A ver y a oir.
Y caminó y respiró y siguió caminando. Y vio una nariz hermosa vistiendo un pantalón negro con tres botones, y vio una mujer lindísima con nariz grande, y vio dos focas que supo eran inglesas por la manera de aplaudir, y vio una persona aún más alta que él, y vio dos ardillas distintas unidas por el mismo piercing, y vio esculturas que habían estado escondidas hasta entonces, y vio injusticia, y vio hambre y vio alegría y escuchó lo que sabía iba a escuchar, y no le dejó su asiento a una persona mayor y se sintió mal por eso.
Cuando se abrieron las puertas bajaron con él la persona alta, la nariz grande y una de las ardillas. Subió las escaleras y por unos segundos Bob fue una oveja. Después no. Y cruzó la calle mirando el suelo para no pisar flores.


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